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El Monte Perdido, con sus 3.355 metros pasa a ser la tercera cumbre más alta del pirineo. La ruta elegida para esta ascensión considero puedo llamarla “la normal”, porque imagino habrá más de una pero esta es la más practicada. Junto a Cilindro de Marboré y Soum de Ramond, forman los denominados TRES SORORES. En condiciones invernales existe un paso (la escupidera) que requiere toda precaución, pues por algo pasa por ser el punto más negro del pirineo en cuanto accidentalidad.
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Sobre las 11:00 AM empezamos a caminar en el estacionamiento de la pradera, el comienzo de este sendero discurre por un frondoso bosque de abedules y hayas, alternando el terreno llano con otros tramos de ligera subida, refrescados siempre por el curso del rio Arazas. El grupo lo componemos 9 personas, de distintas edades y en dos horas alcanzamos el primer punto fijado, las Gradas de Soaso. Aquí tomamos un bocata y sin más demora, Iván y yo continuamos hacia la cola del caballo para por el sendero, evitando las clavijas, alcanzar después de superar una empinada rampa el refugio de Góriz (Tfno 974341201). En ese tramo nos cruzamos con un grupo de montañeros y montañeras vascos que nos dijeron habían tardado una seis horas en hacer el recorrido completo Goriz-Cumbre-Góriz, lo que nos empujaba a pensar que la decisión de subir al día siguiente era la acertada.
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La foto de la izquierda no la he sacado yo, entre otras cosas porque como he dicho, no había tanta nieve. La he encontrado en internet, y la verdad me ha dejado impactado porque había visto muchas otras antes de esta, es más he estado dos veces allí y la verdad, sólo en esta imagen alcanzo a comprender la magnitud y belleza de esta montaña. No he querido insertarle leyendas ni descripción alguna de la ruta de ascenso para no desvirtuarla, pero para que os hagáis una idea, el tramo final parte desde el Lago Helado (parte baja sobre la izquierda) y discurre sobre la cresta que franquea por la derecha la vaguada que en esta imagen esta cargadita de nieve. Parece ser que fue tomada en Agosto de 2.006, justo en las fechas en las que nosotros no pudimos alcanzar la cumbre por esa nevada inesperada en ese mes. Está claro que a esas alturas uno se puede esperar casi de todo. |
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Como ya sabéis, y si no lo sabéis os lo digo yo. Esta es la segunda vez que intentamos ascender esta cumbre. La primera fue en agosto de 2.006 y una falta de previsión ante la nevada caída unos días antes, hizo que nos diésemos la vuelta cuando nos quedaban unos 150 metros para alcanzar la cumbre, debido a que el delicado paso de la Escupidera tenia placas de hielo y sin el material necesario hubiese sido asumir un riesgo que para nada se corresponde con la visión que de este deporte tenemos nosotros. El caso es que volvíamos en agosto, dos añitos después y no puedo decir que tenía una espinita clavada porque los piques a estas alturas pueden acarrear asumir esos riesgos que antes mencionaba. Eso sí, en mi interior algo me decía que esta vez tenía que ser.
Así, habíamos planeado desplazarnos todo el grupo hasta la Pradera de Ordesa a primera hora del sábado 9 de agosto, para subir juntos hasta la zona de Gradas de Soaso. A partir de ahí Ivan y un servidor intentaríamos alcanzar lo más alto del Monte Perdido, pensando en principio que eso sería el día siguiente.
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FOTO: joana |


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Gradas de Soaso |
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La cara de Iván cada vez era más sincera, sus palabras lo corroboraban ¿Qué cojones hacía él en este embolado?, espero que no te pasase desapercibido mi empeño en demostrarte que tu compañía era muy importante para mí pues tiempo tuve de estar sólo.
Sobre las 16:00 PM alcanzamos el refugio de Góriz, el último tramo se había hecho interminable pues tienes la sensación de que está detrás de todas y cada una de las lomas que vas superando, pero no, esta donde está, ni antes ni después, justo en su sitio. En este punto, buscamos una pequeña fuente que hay junto a un pararrayos y después de beber no se cuantos litros y de hacer un pequeño pis, decidimos sentarnos a la sombrita del refugio, otra cosa no podíamos porque no habíamos reservado plaza. A esas horas eran pocos los montañeros que bajaban, subir no subía nadie. El comentario mayoritario de los allí presentes era que al día siguiente había muchas posibilidades de que lloviese, eso me hacía entrar en un mar de dudas de si subir esa misma tarde o dejarlo y correr el riesgo de tener que anular la ascensión. Ummmmmmmmmm que nervios.
Pero sobre las 16:15 PM observamos como empezaban el ascenso un grupillo compuesto por tres franceses, por lo que sin pensarlo mucho, cogí la mochililla, metí un bocata, algo de agua, las pocas fuerzas que me quedaban y eso sí, toda mi ilusión y me encamine hacia las primeras rampas. Al principio el sendero está perfectamente delimitado por la huella de paso, hay que franquear alguna fisura estrecha pero no hay complicación alguna. Continuas ascendiendo alcanzando un tramo de fuerte ascenso en zigzag, que te lleva hasta una zona de grandes bloques de piedra, hay varios puntos por los que rebasarla pero por la parte más baja presenta menor dificultad. |
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Después de unos minutos disfrutando de la vistas, saboreando haberlo conseguido, entendiendo que habíamos tomado la decisión acertada, no quedaba más remedio que empezar el descenso, pero ya con la sensación del deber cumplido, con la cámara en la mano y no en mi mochila. En un par de horas estaba de nuevo en el refugio, un par de horas en las que la soledad del lugar se paliaba con la compañía que me proporcionada hablar con algunos de vosotros por teléfono.
La noche caía, Iván había montado nuestro modesto campamento base, esa tienda que dicen que es para dos pero que el que tenga de aquello que meta más de uno. El caso es que hacía una temperatura digna de cualquier playa mediterránea, por lo que decidí cederle la amplitud de la tienda a Iván y dormir yo en ese hotel de mil estrellas que otras veces ya he comentado. Era espectacular estar a esa altura, con un cielo limpio, repleto de estrellas y una sola luna que brillaba por todas ellas.
Claro todo no iba a salirnos bien, y sobre las 5:00 AM del domingo 10, un incesante ir y venir de relámpagos, me hacía presagiar que la cosa acabaría en tormenta veraniega de montaña, que dicho así no se lo que parece, pero que podría resumir en que se nos echaba encima un tormetón de mil pares de hue.... Así que a las 5:30 AM estaba llamando a Iván, que roncaba a sus anchas (lo de sus anchas es un decir), y después de reanimarlo con todos los medios a mi alcance, pudo entender que la cosa no estaba para chuminaillas, por lo que desmotamos la tienda y recogimos todo el material, dándonos el tiempo justo de entrar por la puerta del refugio, cuando empezó a llover torrencialmente.
El descenso consistió en deshacer el camino andado, nos acompañó en todo momento la amenaza de lluvia, pero esta vez todo estaba a nuestro favor y nada impidió que disfrutásemos de dos jornadas completas de montaña.
En definitiva habían pasado unas horas desde que empecé a subir y ya había bajado de ese lugar donde tanto soñé estar, a partir de ese mismo momento mis sueños ya son otros. Y es que dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son………………
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Así, pasito a pasito, se llega al Lago Helado, el ambiente cambia drásticamente, las condiciones se vuelven más comprometidas, hay un fuerte viento y la visión del lago, medio helado te hace recordar que sin estar en esos Himalayas, has de saber donde pones los pies.
Desde ese punto, puedes divisar las últimas rampas y la cresta por la que alcanzarás la famosa escupidera, que en esta ocasión no tiene una gotita de nieve. Subo por la cresta , supero la escupidera y llego a una zona muy empinada, empinadísima diría yo, que para colmo esta formada por piedra suelta que hace que avances dos pasos y retrocedas tres. Eso unido al esfuerzo anterior, hace que se me pasen por la cabeza los fantasmas de abandonar, mi cara a esas alturas sería muy similar a la de Iván antes de llegar al refugio, pero como nadie me la veía pues me quedo con las ganas de saber si era de desesperación, de resignación o yo que se de que.
Pasado ese momento de flaqueza, y superado ese pequeño tramo de piedra suelta, en unos metros cambia totalmente mi ánimo pues como el que no quiere la cosa alcanzo un pequeño collado a cuya derecha hay un nevero, y la huella abierta que me indica que tras el, está la ansiada cima del Monte Perdido. Son las 18:40 PM, en cinco minutos tengo el placer de estar en lo más alto y puedo disfrutar de unas maravillosas vistas hacia la vertiente francesa, de la pradera de Ordesa, del Cañon de Añisclo como una grieta sangrante de nuestra tierra harta ya de tanta degeneración del medio ambiente. |
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Pradera de Ordesa: 1.310 m. Mirador de Calcilarruego: 1.950 m. Circo de Soaso: 1.800 m. Cascada Cola de Caballo: 1.850 m. Refugio de Góriz: 2.160 m. Monte Perdido: 3.355 m. |
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Pradera de Ordesa-Circo de Soaso : 2 horas. Circo de Soaso– Refugio de Góriz (por sendero): 1,30 horas Refugio de Góriz-Lago Helado: 1,30 horas Lago Helado-Cima Monte Perdido: 1 hora El descenso es mucho más rápido, se puede acortar 1 hora el tiempo empleado para el ascenso. |